Bolsonaro y Fernández ¿Los hermanos serán unidos?

Después de semanas de rechazo, el capitán Bolsonaro respondó finalmente: a última hora, bajo presión, el presidente brasileño prometió enviar un representante de su gobierno a la toma de posesión de Alberto Fernández, el nuevo jefe de Estado argentino, que se instaló el martes 10 de diciembre en la Casa Rosada, la sede del poder en Buenos Aires.

Las tensas relaciones

Para esta tarea, que considera ingrata, el Sr. Bolsonaro envió, sin embargo, a su vicepresidente, el general Hamilton Mourao, el segundo hombre del Estado. Este último dijo en Twitter después de la ceremonia de dedicación que “misión cumplida”, donde él, como buen soldado y visiblemente aliviado, se permitió dar un caluroso abrazo al Sr. Fernández, incluso expresando su “deseo de que las relaciones entre países sean siempre más fuertes, más maduras y mutuamente beneficiosas”.

El acercamiento

Definitivamente simbólico, la llegada de este soldado de alto rango nos ha permitido recuperar un poco de paz después de meses de muy alta tensión. El Sr. Bolsonaro, revuelto por el retorno de la izquierda al poder en Buenos Aires, había indicado que bajo ninguna circunstancia iría a los festejos (una primicia en casi dos décadas) y había amenazado por un tiempo con boicotear el evento. Fue necesaria la presión combinada de poderosos grupos de presión parlamentarios, militares y económicos para que cambiara de opinión.

Nada se olvida

Pero las cenizas todavía están calientes entre estos dos líderes de los años sesenta, que contrastan fuertemente: por un lado, Jair Bolsonaro, un capitán de reserva de los burgueses, está acostumbrado a todo tipo de excesos, nostálgico de la dictadura y siempre afeitado. Por otro lado, un Alberto Fernández, abogado tan erudito como rizado, un peronista marcado a la izquierda, con un bigote de pincel en la mano.

Trincheras opuestas

Los dos hombres han luchado en la guerra de trincheras todo el año. El Sr. Fernández, que calificó al Presidente brasileño de “racista, misógino y violento” durante la campaña electoral, no dudó en apoyar y visitar al ex Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, bestia negra de Bolsonaro, que fue detenido en ese momento. Un “hombre extraordinario”, según él, al que menciona regularmente como ejemplo, incluso en su discurso de victoria.

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Está claro que no se debe superar a Jair Bolsonaro, apoyando al presidente argentino saliente, el liberal Mauricio Macri, y prometiendo el apocalipsis en caso de una victoria de la izquierda, sospechando a sus ojos que quería crear nada menos que una “gran patria boliviana” en la frontera y, a su vez, pronosticando una ola de emigración argentina, una explosión de la alianza comercial del Mercosur y una fuga del capital o de las empresas brasileñas.

 

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